martes, 1 de noviembre de 2016

Nos llamamos

– ¿Sí, dígame?
– Hola Chenoa… ¿puedo llamarte Chenoa... o mejor Laura?
– Chenoa está bien. ¿Quién eres?
– Soy Pedro. Pedro Sánchez.
– Pedro Sánchez… ¿el líder del PSOE?
– No, ya no. O sea, sí, soy Pedro Sánchez, pero ya no soy líder del partido.
– Ah, ya, mierda. Lo siento.
– Da igual, a mí también me cuesta acostumbrarme.
– Ya imagino. ¿Y qué quieres, Pedro? ¿Puedo ayudarte en algo?
– Solo llamaba para ver si estás bien. Le pedí a mi equipo de comunicación que me consiguiera tu número.
– Ah… pues sí, Pedro, estoy bien. ¿Tú que tal?
– ¿De veras que estás bien? Vi lo de ayer. ¡Qué falta de sensibilidad!
– No sé a qué te refieres, Pedro.
– Pues ya sabes… al tema de la cobra.
– No fue una cobra, somos amigos.
–Ya. Pero yo que sé, se me ocurrió llamarte, por si acaso estabas mal. Ya sabes que a mí últimamente tampoco me va bien.
– Eso he leído. Pero vamos, de verdad que estoy bien.
– ¿Sigues enamorada de él? Se te notaba desde el otro lado de la tele.
– Te digo que somos amigos. Y nada más.
– No quiero meterme demasiado, Chenoa. Córtame cuando quieras. Pero se comportó como un cabrón.
– No tiene importancia, estas cosas pasan.
– Tratarte así, después de lo vivido, en la tele pública. ¡Qué falta de respeto, qué falta de todo!
– Te digo que estas cosas pasan. Aunque claro, no con tanta gente mirándote.
– Por eso, no se puede humillar a alguien así.
– ¿Humillar, quién? ¿De veras piensas que estoy humillada?
– Pues, no sé Laura… digo Chenoa. Twitter está lleno de vídeos y memes sobre el tema. Ya sabes.
– ¡Humillado estarás tú!
– Ese no es el tema, Chenoa.
– Ya. ¿No te sientes utilizado, Pedro? No sé, si yo fuese tú…
– Si tú fueses yo…
– Pues no saldría de la cama. Con todo un partido en contra. Y encima con la imagen que diste en la entrevista.
– ¿Imagen, qué imagen?
– Le lloraste al presentador, Pedro. Delante de toda España.
– Eso no es cierto, Chenoa.
– No, Pedro… no. Una hora de sollozos. Como un ex novio rencoroso.
– ¿Cómo tú?
– ¡Vete a la mierda!
– … perdona Laura. Soy idiota. Es este estrés. No estoy bien.
– Y pretendes pagarlo conmigo.
– No, te juro que no. Pretendo que alguien me entienda. Me dejé la salud en el partido… para nada. Pues claro que me siento utilizado.
– Joder, Pedro. Lo siento. Tampoco quería ponerme gilipollas contigo.
– Da igual. Pensé que tú me entenderías.
– Supongo que nos parecemos en eso.
– ¿En qué?
– En ser el pasado de algo.
– Supongo que somos eso, sí… pasado. Oye, Laura.
– Dime.
– …
– ¿Pedro?
– …
– ¿Estás llorando?... estás llorando. No llores, Pedro. Está todo bien. Saldrás de esta, seguro. En la calle la gente te aprecia.
– Laura...
– Sí.
– ¿Te gustaría tomarte un café algún día de estos?
– Pues… no sé, Pedro. Esto es raro. Es la primera vez que hablamos. Es raro.
– Creo que necesito a alguien que me quiera.
– Pero Pedro… Yo…
– Da igual, entiendo. Tienes mi número...
– A ver, es que no sé... pfff... está bien. ¿Te parece bien este sábado? Y deja de llorar, por favor.
– ¿Este sábado?... genial. Tienes razón, ya paro de lágrimas. ¿Nos llamamos entonces?
– Nos llamamos.

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