lunes, 31 de octubre de 2016

Rumiantes

Hay etapas que son días, semanas o incluso meses en los que la creatividad se impone a sí misma un 'stand by' que en realidad no lo es tanto pero molesta como si lo fuese. Es una etapa verdaderamente dura para el que crea, ya sean novelas o edificios.

La etapa comienza con la negación absoluta a crear cosas nuevas. Lo que en literatura se llama el "folio en blanco". El creador se sienta delante de la silla y no hace una mierda. Se pone listas de YouTube con temas inspiradores, toma tés verdes con frutos del bosque... pero sigue sin hacer una mierda. Y acaba tirando la toalla para ponerse series de Netflix como si no hubiera un mañana posible.

Cuando el sofá tiene marcada la forma del culo del creador y está inundado de palomitas que no han explotado y pelusas de mantas, alguien pulsa el interruptor de la segunda fase. El creador se torna en rumiante. Su cabeza rumia algo, una idea, un concepto, lo que sea. Lo masca y mastica como una vaca india. Lo centrifuga, incluso. Y la idea se va haciendo bola dentro del creador como un filete pasado. El creador empieza a hincharse por causa de la expansión sin límites de la idea. La idea le come todo el terreno al resto de ideas hasta el punto de que todo es superfluo.

Y un día el creador vomita, donde sea y como sea. Pero hasta que vomitas todo apesta menos Netflix y las mantas calentitas.

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