miércoles, 31 de agosto de 2016

Tatuajes

La diferencia entre un valiente y un cobarde es que el valiente decide hacerse un tatuaje y se lo hace, mientras que el cobarde se tira una semana de verano pensando el diseño, buscando tatuadores en toda la Comunidad de Madrid y preguntando precios para luego simplemente mandarle un correo a la tatuadora con la que ya habías concertado una cita para decirle que se olvide, que te has echado atrás y que lo mismo un tatuaje es algo demasiado importante y que prefieres cambiarte de gafas. Y le escribes todo esto a la que iba a ser tu tatuadora después de tirarte media hora delante del espejo del baño, con el pantalón del pijama remangado y mirándote el cuádriceps derecho, con cara de si sí o si no, cagándote en tu cobardía y en tu indecisión. Y escribes el correo sabiendo que en el fondo dabas por hecho desde el principio del proceso que acabarías echándote atrás, como también sabes la más que segura reacción de tu tatuadora, leyendo el correo con indiferencia, borrando la conversación como borra otras tantas. Porque la tatuadora y tú sabéis, ambos lo sabéis, que aunque eres un verdadero cobarde, no eres el único; y que todo el tema del tatuaje va a tener que esperar.