jueves, 28 de abril de 2016

Ambición es trascendencia

Un día le dije a mi madre que no soportaba a la gente sin ambiciones, a aquellos seres que no ven más allá de un canon, que no aspiran a más que ser un canon. Familia prototípica con una parejita de pequeños, veraneando todos los agostos en Santa Pola, con un monovolumen gris oscuro y un trabajo estándar de lunes a jueves pero increíblemente divertido los viernes. Y nada más, felices así, durante toda la vida. Yo no me lo creo.

Hay que desear, hay que esperar, hay que anhelar. Las metas que te pones dicen demasiado de ti. Todo esto trata sobre escalar una montaña para ver la cumbre que hay detrás, se trata de superar a tus padres, no en conformarte con ser como ellos. Se trata de la ambición, aunque a veces pueda matarte.

La ambición es trascendencia, romper con las puertas, ganar un Nobel o reforestar el Amazonas. Se trata de crear o de destruir, pero siempre de hacer y luchar. La ambición es despertarte todo jodido, lleno de ojeras, y echarte el macuto a la espalda, no pensando en un monovolumen gris oscuro sino en conseguir un sueño. Tú eres tus ambiciones, así que déjalas volar y hazlo tú tras ellas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario