domingo, 10 de enero de 2016

En Gran Vía o en Las Ramblas

Una calle adoquinada, digamos que la Gran Vía, las Ramblas o la que tú quieras. Una línea recta, trazada con escuadra y cartabón. Sin coches, sin gente, sin nada, solamente una ligera llovizna, las farolas encendidas y tú en el centro de la calzada, caminando lentamente, mirando al horizonte, con las mejillas llenas de gotas, el pelo empapado y las manos en los bolsillos. Andas y andas como si contigo no fuera la cosa, en esa calle vacía, escuchando el chapoteo de tus zapatillas; y lo haces sabiendo por qué. Mucho ha pasado desde entonces. ¿Quién te lo iba a decir, eh? Muchos meses que parecen tan pocos. ¿Cuántos van ya, siete? La última vez que estuviste en esa calle estaba repleta de gente, de coches, de ruido. Repleta.

¿Qué ha pasado en estos meses? La gente se ha ido evaporando paulatinamente, primero aquél, luego esos otros dos, luego él. Hasta quedar desierta. ¿Y de quién es la culpa? Seguramente sea tuya, ya te lo decían. "¿Pero qué culpa voy a tener yo?", preguntabas. "Pues bien deberías saberlo", contestaban. Y sí, que culpa ibas a tener tú, con tus mejillas, con tus zapatillas y esos andares de que contigo no iba la cosa. Pero en esas estás, trazando lentamente una línea divisoria, pasito a pasito, sin sacarte las manos de los bolsillos y pensando en qué pudo pasar, en quién tiene la culpa, si es que la tiene alguien. Las cosas son así y poco queda por hacer, bien lo sabes. ¿Lo sabes?, ¿hay acaso marcha atrás? Poco importa ya, poco te importa ya, por lo que parece. La última vez que estuviste en esa calle estaba yo contigo. ¿Dónde estaré ahora? Lo mismo me echas de menos, lo mismo piensas en mí mientras dejas las farolas encendidas tras tus pasos. Yo ya soy llovizna, yo ya soy recuerdos. Recuerdos que no sé si podrás olvidar, por mucho que andes.

La calle va a seguir estando vacía. Sécate las gotas de la cara, deja de andar y grita. Grita mirando al cielo estrellado, como si contigo sí fuese la cosa, como si te estuvieran destripando y como si quisieras que vuelva. Clávate las uñas en las palmas y patalea, hazlo sin más. Quizá yo te escuche. No lo creo, a saber dónde me hallo. Quizá en otra calle trazada con tiralíneas, viendo como la gente desaparece mientras yo camino. Lo mismo estoy gritando. O lo mismo no. Parece que arrecia, lo mejor será que sigamos andando, por si acabamos encontrándonos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario