lunes, 14 de septiembre de 2015

Maleta verde

En el mundo en el que toda la gente llevaba maletas grises, de esquinas redondeadas y asa multiposición, mis rodillas iban llenas de cardenales por culpa de las esquinas puntiagudas de mi maleta verde. Pero claro, en el mundo de las maletas grises redondeadas, yo tenía que fardar de maleta verde y de cardenales en las rodillas.

Paseaba cada domingo por el aeropuerto, que por aquel entonces se llenaba de gente amaletada, que venía de allí para ir a allá. Pues yo daba vueltas, en círculos, con mi maleta verde detrás y las miradas atónitas de los grises viajantes. Yo nunca había salido de Madrid, pero mi actitud decía que había viajado más que todos esos pasajeros. Asía con fuerza mi maleta, levantaba el asa para poder llevarla mejor, y nos paseábamos ambos, sacando pecho, de terminal en terminal, riéndonos de todos aquellos pobres infelices. Porque en el mundo gris, nosotros, mi maleta y yo, éramos la esperanza.

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