miércoles, 20 de mayo de 2015

La tortuga de Irene

Ella no quería un novio, ella quería un perro. No, un perro no, que a veces lamen, que a veces ladran, y que a veces mueven el rabo como explícito síntoma de felicidad cuando ella abre la puerta después de un abandono premeditado. Los perros son demasiado cursis para ella. Ella quiere una tortuga. Sí, una tortuga es lo que busca, y no un novio. Una tortuga con un caparazón tan gigantesco y resistente que aguante golpes de yunque y martillo, atropellos de camiones y palabras con doble filo.