martes, 18 de marzo de 2014

Te hace desaparecer


Hace ya tiempo que empecé a afeitarme, por ella. Hace ya tiempo que no fumo ni borracho, por ella.  Hace ya tiempo que sólo pienso en ella. Y no hace mucho que ella piensa en mí. Se hacen largas las vueltas en la cama cuando una imagen no se va de tu cabeza, una imagen simple como un colgante, un lunar, un iris. Imágenes que te cambian, y que te hacen desaparecer de manera que parece que todo tu pasado se ha diluido, y solamente existen dos puntos: el principio y el evitar el final.

Y deambulas entre ambos puntos, olvidando la integridad, las preocupaciones, y la inspiración. Te sientas en cualquier sitio y miras al suelo, observando una baldosa llena de grietas. Y piensas en grietas, en qué significan, qué metaforizan, qué hacen allí. Pero simplemente no estás, has desaparecido. Y entre pensamientos de grietas se cuela ella, se cuela su colgante, sus lunares, y su iris; y las grietas empiezan a desvanecerse. Ya no existen grietas ni suelos que valgan la pena mirar, ni paisajes, ni atardeceres. Ella lo eclipsa todo desde el principio, y yo evitaré que haya un final.

Porque la quiero.

domingo, 2 de marzo de 2014

Medias lunas

Mil medias lunas en la franja de Gaza lloran,
impostadas,
mostrando reflejos de lo que a sus pies ocurre;
mientras tú, impávido,
lees los versos de cualquier poema,
ambos indiferentes ante las horas sucesorias,
que no volverán,
y que no echarás de menos,
pues la luz es tu camino,
y hologramas de unas huellas que nadie más conoce
guían tu porvenir.

Pero es ese poema,
que desvirgas cuarenta veces como Mahoma,
el que ata tu cuello con hilos no tejidos,
sin llegar a ahogarte,
pero sin dejarte escapar de tu propio aliento.

Es ese poema el inocente culpable de que,
opresor de banalidades,
las pupilas pierdan brillo y los labios sangren,
las manos pierdan la huella que siempre tuvieron;
y es ese poema el culpable de que tú,
impávido ante todo,
te ahorques con la soga que las palabras no tejieron,
mientras sale el sol en Palestina.