viernes, 10 de enero de 2014

Perdiendo los contornos


Y un día pierdes los contornos. Sin más, han desaparecido. Y la vida se vuelve acuarela. Comienzas a tener una visión de borracho feliz, de borracho antes de vomitar, sin principios ni finales, y todo se mezcla. Ves volcanes helados, niños viejos, incluso honesta hipocresía. Todo se junta en armonía, en esa armonía que crean las últimas gotas de leche al chocar contra el horizonte del café mañanero. Ya no distingues los colores del semáforo, solamente ves un tono que invita a cruzar los pasos que ya ni existen. No hay rojo, no hay verde, no hay ámbar. Hay contaminación de conceptos.

Los paseos se convierten en viajes astrales a relojes de Dalí, y el gris acontece humillando a blanco y negro. Todo es dislexia, ni izquierda ni derecha, y sin embargo, todo es descentrado. Vórtices convergentes divergiendo sin control. Fuga de tiempos para que el mañana se haga nunca, y eso siempre, sabiendo que ayer todo era distinto. Bolígrafos que se funden con la página, saturándola de un reguero indeciso y tembloroso de posibles certezas en una realidad incierta.

No hay contornos, no hay siluetas, no hay fronteras; no hay límites.

Todo es uno, uno es de nadie. A contenidos etéreos, formas inconclusas. Porque un día el mundo es caos, como sonatas de invierno. Sonatas que duermen niños, que avivan mentes. Acaboses que retornan a la matriz. Todo centrifugando, en ambas direcciones, desde siempre, y para siempre. Los periódicos se tornan ilegibles, las fotografías mezclan rostros, como empezar una tarde por Neruda y acabar en Pavese. Hablo de espirales, de símbolos de infinito, donde cada punto que forma una línea intercambia su puesto con otro, aportando simbiosis, abocados al conflicto. Lluvia que traspasa paraguas, pieles de arena de playas tostadas. Colonias que huelen a personas para no ser usadas por personas. Tan simple como un entrelazar de manos.

Hablo de abrir una puerta y quedarte con el pomo, de meter la llave en un baúl y abrirte a ti mismo, de besar unos labios y llevarte un cacho. Hablo de no encasillarse, de estar allí y acá, a la vez, indistintamente, sin perder tu ser, que es indefinible.

 

1 comentario:

  1. Hola Alberto, me encantan tus relatos, por su frescura, por ir directo al grano y por desvelarnos cosas que desde tu juventud nos recuerdan la nuestra, que aunque cambien un poco las cosas , siempre ha habido momentos que se parecen . Sigue animándonos con tus relatos , verás el perfi de Ipe, mi marido que tiene la cuenta, pero soy tu compañera de taller Mri-Sol

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