sábado, 28 de diciembre de 2013

Difuminando huellas

Humo perenne de cigarrillo,
en marcapáginas roídos,
ese es el olor de mis libros.

Libros multipersonales,
de divergentes manos pecaminosas,
que se ríen de su propiedad cambiante,
eternos, vagabundos, olvidados.

Meras sucesiones de tinta,
dispuesta de manera armoniosamente caótica,
en papel amarillento,
como sonrisa de Bukowski.

¡Ah, Henry Chinaski! ¡Ah, Leopoldo María Panero!,
que duro fuego quema mis ojos,
por culpa vuestra, ingratos,
por gracia mía, desagradecidos.

Tiempo dinámico es el dormir tras vuestras huellas,
apremiante prisa supone el diluirlas,
pero todo es diferente.

Ya no hay peleas en bares,
ni pensiones ruinosas;
ya no hay necesidad de drogas,
aunque sí de alcohol;
ya no hay luchas contra todo, ahora todo lucha contra ti.

Y en ese camino digno de fábula infantil,
en ese camino de detective hitchockiano,
descubres lo importante del olor a humo,
aún sin saber fumar.

Y con una cajetilla de cigarros sin encender,
vas caminando,
descubriendo huellas;
y borrándolas,
para dejar las tuyas.

Huellas de humo perenne,
huellas eternas, vagabundas, olvidadas.

lunes, 16 de diciembre de 2013

Max Stirner en la foto familiar

Suelo mojado por la niebla,
hojas ocres amontonadas,
unas encima de otras, como follando,
como cosas de la Naturaleza.

Hojas que dictan el tránsito,
a dónde y cuándo, nadie elige,
¡tic-tac, tic-tac!,
las manecillas derritiéndose.

Limpiaparabrisas chirrían al son de los compases,
el abrir y cerrar de los paraguas,
el hacer daño de las miradas,
todo gime arrítmicamente.

¿Y qué es la decepción,
qué es sino sorpresa,
regalos de cumpleaños,
y un "sí quiero"?

Decepción,
desprendimiento de retina,
bajo la lupa de los clásicos,
enfocando las vanguardias olvidadas.

Espejos que te escupen,
gorriones observando,
el uno arrastrando al resto,
y Max Stirner en la foto familiar.