jueves, 10 de octubre de 2013

No me gusta nada, me gusto yo

No me gusta la música bajita, casi sin volumen. Lo considero inútil, carente de sentido. Es como ver un cuadro con los ojos medio cerrados. Pierde la esencia. La música siempre alta, le moleste a quien le moleste. Se aprecian mejor los matices. Silenciar la música es matar la música. Contradicción en sí misma esto de silenciar la música. Música para que escuchen los demás, para jactarse de los gustos de uno mismo. Y sentirte mejor cuando alguien se queja. Simplemente música.

No me gusta la autocompasión. Es ridícula. Darse pena a uno mismo es lo más triste que te puede pasar. Si no te gustas, cambia, o acéptalo. Pero si te compadeces de ti mismo es por jactancia de lo que no te gusta de tu ser. Y en ese momento, en cuanto hay un resquicio de placer en lo que a uno no le gusta de sí mismo, la autocompasión cae por sí sola. Y solamente queda el masoquismo. El masoquismo, sin embargo, como concepto, sí me gusta.

No me gusta la apariencia, aunque caigo en ella. A día de hoy vivir es apariencia, o ser Diógenes... vivir es apariencia. Apariencia ante los demás, apariencia ante el espejo, qué más dará. Falsedad, maquillaje. Abrigos de piel falsos, perlas falsas. Aparentar. Y hacer teatro. No eres tú, eres tu personaje. Y te mientes diciendo "yo soy muy puro, muy real... soy lo que veis". Y sabes que no es cierto, pero hay que aparentar. Y te jode mentirte a ti mismo, y te sientes mal, y aquí entra de nuevo la autocompasión. Creo que ya dije que no me gusta la autocompasión.

No me gusta llevar paraguas, no hay explicación... ni metafísica, ni moral. Simplemente, lo detesto. Pero también detesto mojarme. En invierno lo paso mal. Los días lluviosos me gustan, quizá porque me hacen jaque, porque me plantan cara y ganan. Y pierdo... me mojo, o saco el paraguas. Pero durante el camino voy pensando sobre lo que detesto el paraguas y lo que detesto mojarme. Así es como una aparente victoria. Apariencia.

Por último, no me gusta pensar que no seré nadie. No ser nadie en el sentido de lo que yo pienso que es ser alguien. Por eso no me gustan otras cosas, por eso me encantan algunas. Por eso escribo. Para ser alguien. No ser alguien significaría no haber alcanzado nunca la realización, y eso es algo impensable. La realización es la meta, y no me gusta tumbar las metas a principio de carrera.

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