domingo, 8 de septiembre de 2013

Pozos de olor a gasolina


— ... pues así es. Es como un pozo, ancho, muy ancho, y oscuro. Más oscuro que ancho. Pero tiene fondo. Y siempre se cae por ese pozo, pero, ¿sabes qué?... cuando llegas al fondo, te crees que habrá una cuerda para subir, pero ¡qué va!. Cuando menos te lo esperas, el suelo se desquebraja, y caes por otro pozo, ancho; y más oscuro que ancho.
— ¿De verdad es necesario que me cuentes esta basura de metáfora para decirme que la vida es una mierda? ¿No sería más fácil decirlo sin más? Es lo que hacen los grandes escritores, esos a los que nadie lee hasta que se han muerto. La vida apesta, dicen ellos. Y por eso escriben. Luego estamos nosotros. Sabemos que la vida es una mierda, pero buscamos tu idiotez de cuerda para subir del pozo. ¿Por qué buscamos la cuerda en vez de escribir?
— Porque tenemos esperanza. Creemos en el kharma, en el destino, y en esas mierdas que salen por la televisión sobre que todo mejora con el tiempo. ¿Qué sentido tendría la existencia sin esperanza?
— ¿Quién habla de sentido, o de significado? Hablo de lo que es. Decadencia, prozac, lluvia en el asfalto, olor a gasolina.
— Siempre me ha gustado el olor a gasolina. Quizá por eso yo si tengo esperanza.
— Quizá por eso yo escribo.
— Tal vez, pero sigues levantándote cada mañana. Eso es esperanza.
— Esperanza por poder seguir escribiendo sobre decadencia y prozac. Esperanza por salir a la calle en día de lluvia. Esperanza de poder mostrar que no tiene por qué existir la cuerda.
— Esperanza, en todo caso.

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