viernes, 31 de agosto de 2012

Vivir lo recordado


Hoy he visto el tercer capítulo de Black Mirror, y felicito desde aquí a los creadores. Al terminar de verlo me ha invadido esa sensación de "¿qué estoy haciendo con mi vida?" que tanto me gusta, ese pequeña depresión moral en la que piensas que todos tus ideales se basan en la hipocresía, en el autoengaño; esa pequeña depresión en la que al mirarte al espejo no ves tu reflejo, sino que ves una cara más similar a Joseph Merrick que a cualquier rostro antes visto. Pero la momentánea depresión es lo de menos, dado que veinte minutos más tarde ya estaba disfrutando de un reportaje sobre dietas estúpìdas y de un combate de boxeo en MarcaTV. Pero es verdad, Black Mirror ha causado "algo" en mí, aunque temo que haya sido un "algo" efímero.
Este tercer capítulo en cuestión trataba sobre un mundo en el que todo lo que nuestros ojos ven queda grabado en un mini USB interno en nuestra cabeza, justo detrás de la oreja. No contaré lo que ocurre, dado que es digno de ver por uno mismo.

Joder, yo ahora me pregunto, ¿me gustaría que mis recuerdos quedasen grabados para siempre?, ¿me gustaría poder ver dichos recuerdos cada vez que quisiera como si los estuviera viviendo de nuevo?
Es algo difícil de contestar, pues no tengo que engañarme, mi vida no tiene demasiado de interesante, es una vida plana como la de cualquier ser, cercada por una rutina que me busca y a la que busco, vallada por un sistema que todo lo ve cual ojo de Horus. Sin embargo, quizá si pudiera ver cada recuerdo que tengo podría encontrar momentos clave para apuntar, frases interesantes, momentos clímax. Luego pienso que esas cosas se recuerdan solas, no necesitas un chip que te ayude. Entonces concluyo que dicho aparatejo incrustado en mi sistema nervioso solo me serviría para rememorar momentos que no quiero recordar, tales como una visita al hospital, una pelea, una decepción. Pero nada, vuelvo a darle una última vuelta, y esas cosas también las recuerdas, aunque no quieras, porque te hacen fuerte, te hacen avanzar.

Entonces, finalmente llego a la idea de la que partía: si no eres capaz de recordar algo es porque no quieres recordarlo, o porque te pasaste de Jack Daniels en ese momento. Y tras verme decepcionado a la vez que satisfecho por esta resolución, recuerdo una frase de Sartre: He querido que los momentos de mi vida se sucedieran y ordenaran como los de una vida recordada.

Ahora comienza otro combate.

domingo, 19 de agosto de 2012

Es una debacle, es belleza.

- Joder, tengo demasiadas ganas de escribir algo, pero no estoy motivado. Es paradójico, porque el día que no tenga ganas de mover un dedo me vendrá a la mente una idea perfecta, de esas que dices... ¡Eureka!

-¿Tienes ganas de escribir pero no estás motivado?, ¿ entonces qué quieres escribir?

- No lo tengo muy claro; quiero escribir algo, pero no tengo motivación para escribir algo decente... Es algo curioso el proceso de buscar ideas, siempre aparecen cuando más triste o cabreado estoy, cuando el nihilismo invade cuerpo y mente, cuando lo que menos te apetece es abrir el ordenador y escribir lo que estás sintiendo. En esos momentos es cuando siempre escribo mis mejores textos.

- ¡Aaaah! Eres un artista auténtico.

- Pues yo lo veo penoso eso de que la inspiración venga de momentos de mierda. Porque claro, quieres escribir, y en cierto modo buscas esos momentos de mierda; pero por otro lado, nadie busca momentos de mierda, nadie busca la autodestrucción interior. Es todo una debacle.

- A todos los creadores les asalta la inspiración en momentos malos. Esos momentos malos son la belleza, la belleza surge de lo oscuro, de lo feo.

- Creo que tengo algo sobre lo que escribir, y es tu culpa.