viernes, 23 de marzo de 2012

Ego... y los demás.

Rodri, Alberto, Mario, Patricia, Pablo... y no muchos más; todas aquellas personas con las que te entiendes y que te entienden, con las que no tienes que llevarte bien, ni mal, pero que simplemente están ahí; tú lo sabes y ellos lo saben. No son amigos, ni hermanos, ni primos, ni compañeros de clase, son partes de ti. Todos tenemos amigos a pares, pero desde un primer momento sabemos que solo unos cuantos llegarán a ser parte de nosotros. Son aquellas personas con las que una mirada significa una conversación, aquellas personas con las que no te importa llorar o reír, gritar o estar callado.

Necesitamos de esas personas para seguir adelante, porque por mucho que la soledad sea necesaria, nadie sobrevive sin partes de sí mismo. Vivir sin personas como éstas es vivir en una cárcel interna con las puertas abiertas, sabes lo que hay fuera sin poder salir.

Pero hay una persona cumbre en la vida de cualquiera, una persona que supera a todas las demás, por la que yo moriría y mataría: el "yo" leal. Conocer tu "yo" leal no significa saber quién y cómo eres, sino saber quién y cómo has sido, y quién y cómo quieres ser; tener un "yo" leal significa conocer tus defectos y estar orgulloso de ellos, pensar: estoy en paz conmigo mismo, que os jodan a los demás. Tener un "yo" leal significa anteponerte a las personas con las que una mirada equivale a una conversación, y por qué no, significa pensar de manera egoísta de vez en cuando. Tener un "yo" leal significa no traicionarse a uno mismo. El "yo" leal signifca, simplemente, mirarse al espejo y reconocerse.