miércoles, 15 de febrero de 2012

Hasta lo cotidiano esconde algo de locura.

   El sonido de una silla al retirarse de la mesa, el "click" de un flexo al escenderse, una tos ronca en la lejanía, unas risitas apagadas; pero sobretodo, el susurro del papel al pasar de página. Todo este estrepitoso ruido en medio del más solemne silencio. Eso es una biblioteca: silencio entre los ruidos.
   Las bibliotecas son sitios extraños, sitios en los que miras y te miran, piensas y ves pensar, imaginas y te dejas imaginar; pero siempre desde la más recóndita soledad, como si observases el mundo con unos prismáticos, creyéndote invisible a los demás. A mí las bibliotecas me dan seguridad, siempre abrigado de conocimiento y gente en busca de él, eres el rey de tu pequeño cubículo casi hermético, tienes libertad para hacer lo que te apetezca, pero siempre, aunque sepas que no vas a ser capaz de cumplirlo, manteniendo el más absoluto silencio.
   El más ligero sonido perturba ese mundo de soledades; todos y cada uno de los presentes te miran con ojos suspicaces y cara de decirte: "aquí reina el silencio, ¿no lo sabías?". En las bibliotecas nadie busca compañía, y sin embargo todos esperamos encontrar a alguien conocido allí, aún sabiendo que seguirán solos.
   Raros lugares son las bibliotecas, sitios en los que siempre estás solo a pesar de estar siempre acompañado.

  

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