viernes, 7 de diciembre de 2012

Egoísmo desde las raíces.


El básico concepto de la "mano invisible" como uno de pilares del problema del capitalismo .

Se nos dice hasta la saciedad que el capitalismo no se destruye, se reestructura. Se nos dice que el capitalismo no muere, sino que se refundamenta y muta. Es paradójica esta máxima sobre el capitalismo, pues con un poco de análisis crítico se observa que este sistema económico está fundamentado en una serie de pilares básicos inamovibles, una serie de principios adheridos a la misma palabra "capitalismo" que permanecen tras cada proceso de reestructuración del sistema. Estos fundamentos base están corrompidos en sí mismos, y si las raíces están corrompidas, no puedes esperar grandes frutos.

Uno de estos fundamentos primordiales en los que el capitalismo se sustenta es el concepto de "la mano invisible". Adam Smith afirmaba en el siglo XVIII que existe una "mano invisible" que hace que un interés propio por parte de la oferta se convierta en un beneficio público en forma de demanda.

Aquí comienza el problema. La mera lectura de la afirmación anterior de Adam Smith nos remite a la sistemática idea capitalista de egoísmo, en un sentido meramente económico, no filosófico, dado que ahí la percepción de egoísmo cambia. El concepto de "mano invisible" nos lleva a una mentalidad egoísta existente en cada proceso y concepto clave del sistema capitalista. Los principales fundamentos en los que se sostiene el capitalismo están basados en una percepción egoísta y para nada solidaria de la vida.

Adam Smith defiende que son los propios individuos los que se tienen que aprovecharse de la "mano invisible", dado que los individuos se tienen que regir por su propio interés. De este modo, el Estado queda abandonado y relegado de la supervisión económica, propiciando una situación para nadie desconocida actualmente: la constante percepción de los "ganadores" y los "perdedores". Esta idea es propiciada por la "mano invisible", y por tanto, por el egoísmo. Los "ganadores" son aquellos que, teniendo el poder de los medios de producción, explotan a los "perdedores". Pero claro, ¿qué han hecho los "perdedores" para formar parte de este grupo?. Los "perdedores" son aquellas personas menos egoístas, o tal vez rechazadas por el propio sistema basado en el egoísmo.

Pero claro, para que esta cuestión de desigualdad injusta no sea totalmente evidente, se ha presuspuesto que la "mano invisible" debe darse en un marco de leyes respaldadas por un Gobierno general. Pero resulta obvio la imposibilidad de arreglo, pues si ya de por sí los pilares del capitalismo se sustentan en el egoísmo, es imposible que un Estado pueda controlar el sistema económico partiendo de la interiorizada pero falsa idea de que cuánto menos entre en juego el Gobierno,sin contar con la ya lícita idea de egoísmo dentro de cada Estado, mejor.

Por eso una reestructuración del capitalismo es inútil, pues sus pilares siempre estarán anclados en un mar de egoísmo crónico y de injusticia. Yo voto primeramente por la supresión de los fundamentos egoístas del sistema capitalista, por una mayor intervención y nacionalización de los medios de producción en un sentido comunitario.

Voto, por último, no a la refundamentación del capitalismo, sino a su progresiva desaparición.

jueves, 15 de noviembre de 2012

Alfonso Moraleja Juárez: "Europa es una gran mentira"


Alfonso Moraleja Juárez (Madrid, 1964) es doctor en Filosofía por la Universidad Autónoma de Madrid con su libro Baltasar Gracián: forma política y contenido ético (1999). Es además fundador y director de la revista Cuaderno Gris. En la actualidad trabaja como profesor de Filosofía en centros de educación secundaria. La producción intelectual de Alfonso Moraleja comienza, como él mismo cuenta, en 1987, "cuando un grupo de estudiantes de la UAM, con una gran ingenuidad directamente proporcional a su desmedida ilusión, decidieron fundar una revista". Hasta la actualidad, se han publicado en Cuaderno Gris cinco monográficos dedicados al estudio de la obra de importantes filósofos y de corrientes filosóficas. A nivel individual se puede distinguir dos orientaciones en su obra: Aquellas obras dedicadas al estudio de pensadores contemporáneos, tales como Nietzsche y Sartre; y las obras dedicadas al pensamiento de Gracián. En definitiva, Alfonso Moraleja mezcla el mundo académico de la teoría filosófica con el mundo de la educación, abriendo las puertas del mundo del pensamiento tanto a jóvenes estudiantes como a personas más entendidas en la materia.


¿Cómo ve el panorama político de España?

(Suspira). Lamentablemente, el panorama político, al haber una mayoría absoluta en el Parlamento, digamos que lo veo complicado, en el sentido de que las decisiones gubernamentales dependen de unas decisiones de partido, y esto hace que no haya auténticamente diálogo, que no haya discusión de ideas. Por otra parte, hoy en día la política está subordinada absolutamente a la cuestión económica. En parte, ojalá las decisiones estuvieran subordinadas a decisiones comunitarias, pero esta crisis ha puesto de manifiesto una cosa: Europa es una gran mentira. Lo que era la Unión Europea no era ni siquiera la Unión Económica Europea. Siendo optimistas, es posible que esta crisis también signifique en el futuro una mayor unión de Europa. Para colmo de todo esto, los problemas del nacionalismo afloran también en estos tiempos de crisis, apoyados en los problemas económicos. La solución sería una Europa realmente más unida, federal, pero más unida; y yo creo que en este sentido si se está haciendo algo, pero es lamentable que las cosas se hagan por los perjuicios que conllevan lo contrario.


Entonces, ¿está a favor de que los países más afectados por la crisis económica continúen en la Unión Europea?

Absolutamente. Creo que la vuelta a moneda propia significaría una gran devaluación de ésta, y aumentaría la crisis de cada país. En este sentido ya no hay paso atrás, pero si me gustaría que la velocidad de la reconstrucción de Europa fuese mayor.

¿Qué opina sobre los movimientos sociales como el 15M o el 25S?

Que la derecha descalifique estos movimientos muestra que realmente no le gustan. Por otra parte, yo creo que estos movimientos son un termómetro estupendo que mide la insatisfacción de la población, y no solo de la población joven, sino también de parados, trabajadores, del sector público… de toda la sociedad en general. Yo creo que tiene su sentido y que es un termómetro del daño que se hace en estos sectores. Pero también hay que recordar una cosa, y es que, aunque no nos guste, y presuponiendo que la democracia es el sistema de gobierno menos malo, en España se votó al Partido Popular de forma mayoritaria; y esto debemos de reconocerlo. Esto es comprometedor y choca con estos movimientos que cuestionan la legalidad política del gobierno. A mi juicio, el Partido Popular tiene toda la legitimidad del mundo. Creo en la democracia, a pesar de sus debilidades.

¿Qué opina acerca de las actuaciones policiales en las manifestaciones?

(Se lo piensa mucho). Yo creo realmente que la autoridad policial cumple una función imprescindible, y ésta tiene que ser cumplida. Dicho esto, hay que ser consciente de que su trabajo es francamente duro y desagradable, pero también es verdad que como toda autoridad tiene unos límites delimitados de acción. En el caso de que se sobrepasen esos límites, las personas que las sobrepasan deben ser sancionadas siempre y cuando se demuestre el error policial. La autoridad policial tiene unas órdenes determinadas y tienen que cumplirlas. Las personas deben entender que son los mecanismos que cumplen dichas órdenes. Por decirlo de una forma mucho más clara: si la policía dice que los manifestantes deben disolverse veo ingenuo a oponerse a estas órdenes; y si te opones, tienes que saber que puedes ser objetos de la violencia de la policía, que en última instancia ejerce su monopolio. Creo que es más pertinente cuestionar a los políticos que dan las consignas a la policía que a ésta última.

¿Qué opina de la sociedad capitalista actual?

Creo que, a pesar de sonar a conservadurismo, lamentablemente tampoco hay vuelta atrás con respecto a otro tipo de posibilidades lejos del capitalismo. Lo que sí que es verdad es que puede haber distintos tipos de capitalismo; podemos tener un capitalismo salvaje o un capitalismo que otros han llamado "capitalismo amable". ¿Cómo sería éste último capitalismo? Pues existiría un mercado, pero por ejemplo, podría haber en Europa ciertos mecanismos que dictaran los límites de este mercado. Este "capitalismo amable" permitiría que siguiera estando en manos del Estado ciertas cuestiones básicas y sociales, como la educación o la sanidad. Aún así, creo que si pudiéramos lograrlo en un futuro cercano, se alejaría tanto del capitalismo salvaje que muchos podrían etiquetarlo y denominarlo de otra forma.

¿Y acerca de la sociedad consumista?

Yo aquí creo que el gran antídoto contra esto es algo mucho más individual: la educación, la formación. Una buena formación de la persona puede (como soy profesor soy optimista) luchar contra el consumismo. Pero la educación tiene que llegar a más, tiene que ser más fuerte y eficiente. Surge también aquí un problema relacionado con las tecnologías a las que antes nos hemos referido. Y es que las generaciones actuales necesitan una formación como creo que ninguna generación anterior necesitaba; en el sentido en que las capacidades de engañar hoy en día al espectador han crecido exponencialmente con las nuevas tecnologías. La única forma de frenar esa capacidad de engaño es mediante una buena formación de la persona.

¿Qué opina acerca de la postmodernidad y el postmodernismo?

Si por postmodernismo entendemos que la sociedad no tiene valores o el relativismo cultural absoluto, estoy totalmente en contra. Tampoco creo en verdades absolutas, pero si considero que tenemos que llegar a acuerdos entre nosotros más allá de la mera convencionalidad. Debemos buscar esa verdad, a pesar de que curiosamente la verdad tal vez no exista. Es posible que la verdad sea un pasillo en el que abrimos puertas sin darnos cuenta de que es un pasillo circular en el que no percibimos su curvatura. Pero aún así creo que el ser humano se realiza en, precisamente, la búsqueda de unos principios fundamentales. La postmodernidad, al considerar que ese pasillo tal vez no conduzca a nada, desemboca en una especie de quietismo, en una especie de "todo vale", y llega a considerar el pensamiento como algo estrictamente individual. Los griegos tenían una palabra perfecta para definir eso: idiótes. Los griegos llamaban idiotas a todas esas personas que no pretendían tener lazos e implicaciones con la comunidad; y yo creo que el postmodernismo cae precisamente en eso.

¿Cree que las generaciones jóvenes podrán mantener un futuro sostenible en todos los sentidos?

Aquí se da una paradoja. Yo no creo que cualquier tiempo pasado fue mejor, en absoluto. Hay generaciones y generaciones. Como optimista y profesor que soy, me dedico a la educación porque quiero y espero que generaciones venideras puedan hacer las cosas mejor. Ahora bien, si vemos el estado general del mundo, la verdad es que no hay muchos argumentos para ser verdaderamente optimistas. Independientemente de la crisis actual, realmente hay muchos mundos dentro de este mundo; y nosotros somos grandes privilegiados comparando nuestra situación con otros entornos. ¿Las diferencias van a más, van a menos?, pues yo creo que la crisis lo que ha hecho ha sido aumentar la diferencia entre poblaciones. Así que, realmente no hay muchos argumentos para poder ser optimistas.

¿Qué opina acerca de la globalización?

La globalización, como casi todo, tiene su parte buena, pero también tiene su parte no tan buena. Si la globalización supone que en cualquier parte del mundo, incluso en África, habrá un Burger King, estaría de acuerdo en el sentido de que al menos la población que hoy muere de hambre podrían comer. O si la globalización supone que cualquier persona puede acceder a las comunicaciones en defensa de las ideas, incluso en países de gran represión política, me parece bien. Pero si la globalización supone un mundo único y monocromático, no me gusta la globalización. La diversidad es un trascendental del ser, es algo absolutamente importantísimo a lo que no debemos renunciar. Es verdad que los Derechos Humanos hablan de la "familia humana", pero esta expresión es tan bella como ingenua. Si las distintas sociedades fueran capaces de hablar entre ellas y llegar a acuerdos mínimos, esa globalización tendría sin duda efectos muy positivos. Pero me temo que la globalización no tiene que ver con una globalización de ideas y discursos, sino que será la universalización de los mercados y de la manipulación, lo que supone y supondrá grandes problemas. Por eso hay que ir despacio para ver los distintos efectos de la misma, dado que, a pesar de lo que se dice, afortunadamente todavía no existe una globalización total.

¿Qué opina de los medios de comunicación?

Los medios de comunicación tienen un papel no importante, sino capital. Es más, los medios son los buenos o los malos de la película, ya no son meros mensajeros, por eso su papel es tan portante. No tengo una visión demasiado positiva de los periodistas. Creo que en al periodismo siempre le ha faltado formación, pienso que los mejores periodistas son aquellos que han obtenido formación en otros niveles y que después se han dedicado al periodismo. Es difícil encontrar periodistas puros que hayan aumentado su formación, sus criterios y competencia para ser después grandes figuras del periodismo. El periodista, por otra parte, está en ocasiones asociado a compañías y empresas que tienen un gran poder. Por eso la figura del periodista intrépido, paladín de la verdad, que es capaz de llevar sus ideales hasta el final, es una figura casi en desuso, porque el periodista depende de una nómina y del ideario de intenciones de su empresa. Si a esto añadimos que un gran número de periodistas se dedican al mundo del corazón, perdón, quiero decir al de las vísceras, la reputación del periodismo no es evidentemente la que debería de ser. ¿Hay alguna salida para todo esto? Si pensamos en el gran poder que tienen determinados grupos empresariales (Prisa por ejemplo) para seleccionar, canalizar y dirigir las noticias, me temo que las soluciones parecen difíciles. Ejemplos radicales de esta cuestión sería el caso italiano. Berlusconi tenía a su disposición más del 70% de los medios de comunicación de su país. Las posibilidades de crítica al poder están muy debilitadas, y es donde creo que los periodistas tenéis una misión imprescindible, una labor de choque, de erosión. Tomando el mito de la caverna de Platón, yo creo que hoy en día nuestra caverna es la caverna televisiva e informativa. Muchas personas interpretan su vida por lo que pasa en la televisión. No estoy en contra de la televisión, pero cuando se convierte en el nuevo "sanctum sanctorum", estamos perdidos.

¿Qué opina acerca de Twitter, y en general, de las redes sociales?

Es una de las ventajas de las actuales telecomunicaciones, pero también el problema de Twitter es la veracidad de las informaciones. Hoy en día las informaciones se valoran por la rapidez mucho más que por la veracidad. Es como buscar una información en Internet: detrás de un libro hay una persona que se responsabiliza, pero en Internet esto no se garantiza. Hay otra cosa importante, la información siempre es una selección de la información; la información que se da debe ser interpretada al igual que toda aquella información que no se transmite, hay que pensar sobre todo aquello que no se selecciona, porque es posible que pueda ser más interesante por no querer decirse. Por otra parte, las redes sociales, tan vinculadas a la población joven que parecen una prolongación de su propio ser, tienen que ser cuestionadas por los propios jóvenes.

¿Crees que un futuro óptimo se construye retomando ideas del pasado?

Sin duda alguna. Somos pasado y estamos viviendo una parte del pasado. Yo creo que si lo pensamos seriamente, desde el punto de vista biológico, la separación que hay entre nosotros, los Homo sapiens sapiens y el Homo sapiens es enorme en comparación con la historia de las civilizaciones. Desde el punto de vista cultural, estamos casi en la infancia de la humanidad, y qué decir si lo comparamos con el punto de vista geológico o cosmológico. Pero esta infancia de la cultura humana también tiene que ver con la formas de vida del ser humano actual. Un ejemplo, seguramente Homero o Sócrates se sorprenderían mucho de nuestras ciudades, de nuestra tecnologías, de las formas de producción; pero creo que, en buena medida, los hombres actuales seguimos sintiendo y emocionándonos de la misma manera que los antiguos griegos. En este sentido, el conocimiento de las tradiciones culturales enriquece lo que somos y lo que hacemos.

Está muy de moda decir que no hay valores. ¿Qué opina acerca de esto?

Yo creo que sí ha valores, es más, no se puede dejar de tener valores. La creencia de que no hay valores es un valor. Pero es verdad que existe un problema en relación a los valores, que es el problema del relativismo. Por decirlo de una forma más clara, el problema está en que actualmente los valores que más fuertemente impregnan nuestra forma de vida son los valores prácticos, utilitaristas. Estos valores han subordinando a todos los demás valores. Y de ahí esa especie de relativismo en el cual todo vale, pero todo vale en cuanto valga para algo útil o práctico, o que cumpla unas necesidades determinadas. Un ejemplo referido a Europa: si la clase política, y lamentablemente la clase política existe como tal, llega a crear una Europa más unida será porque han luchado ideológicamente contra los valores utilitaristas. Tal vez es exagerado decir que estamos en una Tercera Guerra Mundial, una guerra en la que las nuevas armas son financieras y tecnológicas, pero sin duda, las nuevas prácticas están produciendo un número inmenso de víctimas.

¿Cree que esta crisis moral es peor que una crisis económica?

Aquí es difícil ver cuál es el efecto y cuál la causa. La crisis económica ha potenciado la crisis de valores, y viceversa. Si realmente estas medidas que se están tomando en Europa se hubieran hecho con antelación, el sistema financiero no hubiera provocado esta crisis. Pero lo que está claro es que una crisis económica, tal y como se vive actualmente, conlleva unos determinados valores. Sin duda, la crisis económica ha significado una crisis de valores, pero la crisis de valores es más la causa que el efecto de dicha crisis.

¿Qué opina de los pensadores mediáticos, "Rock Star", como Slavoj Zizek o Giovanni Sartori?

Eso es una cuestión problemática. A veces se dice que el intelectual debe comprometerse, debe dar un paso hacia delante, debe hablar. Pero en cuanto esto sucede, se dice que estamos frente a un nuevo "rock star", un nuevo fenómeno de masas. Es complicado que lo que digas llegue a una gran parte de la población sin convertirte en una figura de culto. Esto es una cuestión del propio mercado. El mercado lo que hace es desacralizar y desautorizar lo que puede estar en contra de él. Está bien que estos intelectuales den un paso hacia delante, es más, me gustaría que en España ciertos intelectuales dijesen de una forma clara y evidente qué piensan. El problema es que muchos de estos intelectuales no saben medir hasta donde tienen que llegar. No quiero decir nombres, pero es verdad que ha habido intelectuales que han sido críticos con el sistema y han acabado en "Las tardes con Terelu". Es decir, se han aprovechado del mismo sistema que atacaban.

viernes, 26 de octubre de 2012

Vuelta a casa


Mi ciudad me esclaviza. Nunca antes había sido consciente de esta situación, tal vez porque nunca antes lo había sentido. Siempre he pensado que no tengo patria excepto mi barrio. Las cuatro o cinco manzanas que lo forman son mi patria sin bandera. Sin embargo, esta noche, volviendo a casa, me he dado cuenta de que ya detesto mi propio barrio. Detesto las verjas con alambre de espino de las propiedades privadas, detesto el cartel de cada colegio "público", detesto cada pintada... incluso detesto el fluorescente de la cruz de la farmacia, el cual dicta "abierto 24 horas" con un aire de tristeza inamovible. Mi barrio siempre me había inducido una sensación de tranquilidad, de pensar "todo esto es una mierda, pero es MI mierda". Pero ahora la sensación ha cambiado, el sentimiento que ahora predomina es el que todo es una mierda, pero no solo eso, dado que ya lo tenia asumido; sino que ahora estoy seguro de que mi barrio es una mierda alienante, una mierda en la que me siento ajeno. Y es perder esta idea de que pertenezco a algo, por muy patético que sea, la que hace que no soporte mi alrededor. Es esta perturbación de mí mismo la que hace que cada paso por las aceras que tantas veces he pateado me resulte pesado, casi un acto obligado. Intento reencontrarme con mi patria, dando paseos, buscando novedades que me llamen la atención; y las encuentro, pero me resultan mero maquillaje de lo que el concepto de mi barrio representa: una dialéctica constante entre pertenecer a algo para guardar el "innato humanismo" y saber que no quieres ser nada que signifique asfalto, metal, óxido.

Después el metafísico paseo termina; abro el portal, subo en el ascensor, entro en casa... y mi habitación me arropa.

viernes, 31 de agosto de 2012

Vivir lo recordado


Hoy he visto el tercer capítulo de Black Mirror, y felicito desde aquí a los creadores. Al terminar de verlo me ha invadido esa sensación de "¿qué estoy haciendo con mi vida?" que tanto me gusta, ese pequeña depresión moral en la que piensas que todos tus ideales se basan en la hipocresía, en el autoengaño; esa pequeña depresión en la que al mirarte al espejo no ves tu reflejo, sino que ves una cara más similar a Joseph Merrick que a cualquier rostro antes visto. Pero la momentánea depresión es lo de menos, dado que veinte minutos más tarde ya estaba disfrutando de un reportaje sobre dietas estúpìdas y de un combate de boxeo en MarcaTV. Pero es verdad, Black Mirror ha causado "algo" en mí, aunque temo que haya sido un "algo" efímero.
Este tercer capítulo en cuestión trataba sobre un mundo en el que todo lo que nuestros ojos ven queda grabado en un mini USB interno en nuestra cabeza, justo detrás de la oreja. No contaré lo que ocurre, dado que es digno de ver por uno mismo.

Joder, yo ahora me pregunto, ¿me gustaría que mis recuerdos quedasen grabados para siempre?, ¿me gustaría poder ver dichos recuerdos cada vez que quisiera como si los estuviera viviendo de nuevo?
Es algo difícil de contestar, pues no tengo que engañarme, mi vida no tiene demasiado de interesante, es una vida plana como la de cualquier ser, cercada por una rutina que me busca y a la que busco, vallada por un sistema que todo lo ve cual ojo de Horus. Sin embargo, quizá si pudiera ver cada recuerdo que tengo podría encontrar momentos clave para apuntar, frases interesantes, momentos clímax. Luego pienso que esas cosas se recuerdan solas, no necesitas un chip que te ayude. Entonces concluyo que dicho aparatejo incrustado en mi sistema nervioso solo me serviría para rememorar momentos que no quiero recordar, tales como una visita al hospital, una pelea, una decepción. Pero nada, vuelvo a darle una última vuelta, y esas cosas también las recuerdas, aunque no quieras, porque te hacen fuerte, te hacen avanzar.

Entonces, finalmente llego a la idea de la que partía: si no eres capaz de recordar algo es porque no quieres recordarlo, o porque te pasaste de Jack Daniels en ese momento. Y tras verme decepcionado a la vez que satisfecho por esta resolución, recuerdo una frase de Sartre: He querido que los momentos de mi vida se sucedieran y ordenaran como los de una vida recordada.

Ahora comienza otro combate.

domingo, 19 de agosto de 2012

Es una debacle, es belleza.

- Joder, tengo demasiadas ganas de escribir algo, pero no estoy motivado. Es paradójico, porque el día que no tenga ganas de mover un dedo me vendrá a la mente una idea perfecta, de esas que dices... ¡Eureka!

-¿Tienes ganas de escribir pero no estás motivado?, ¿ entonces qué quieres escribir?

- No lo tengo muy claro; quiero escribir algo, pero no tengo motivación para escribir algo decente... Es algo curioso el proceso de buscar ideas, siempre aparecen cuando más triste o cabreado estoy, cuando el nihilismo invade cuerpo y mente, cuando lo que menos te apetece es abrir el ordenador y escribir lo que estás sintiendo. En esos momentos es cuando siempre escribo mis mejores textos.

- ¡Aaaah! Eres un artista auténtico.

- Pues yo lo veo penoso eso de que la inspiración venga de momentos de mierda. Porque claro, quieres escribir, y en cierto modo buscas esos momentos de mierda; pero por otro lado, nadie busca momentos de mierda, nadie busca la autodestrucción interior. Es todo una debacle.

- A todos los creadores les asalta la inspiración en momentos malos. Esos momentos malos son la belleza, la belleza surge de lo oscuro, de lo feo.

- Creo que tengo algo sobre lo que escribir, y es tu culpa.

miércoles, 27 de junio de 2012

Mi crimen y castigo


Por fin me iban a condenar. Llevo medio año encerrado en una maldita y cómoda celda, de paredes grises como el sentimiento que desprenden. Tengo televisión, radio, acceso a las instalaciones deportivas, e incluso me dejan ir a la biblioteca de vez en cuando. Muchos vagabundos matarían por vivir en mi celda, es más, esta celda es mejor de lo que era mi pequeño estudio en un barrio colmena de una gran urbe, asquerosa y a la vez amada.

Mi juicio es esta mañana, de hecho, en unas horas; y aquí estoy yo, dialogando conmigo mismo horas antes de mi sentencia de muerte, como hacía Raskolnikov antes de presentarse en casa de la vieja usurera. Siempre he admirado mi capacidad de hablar conmigo mismo; la capacidad de sacar conclusiones, en su mayoría paranoias, solamente preguntándome y autocontestándome. Mi madre decía que siempre he sido un chico cerrado, más centrado en sus pensamientos que en el mundo que lo rodea. Yo siempre he pensado que no es que me importase más mi mundo interior, sino que el cosmos que me rodeaba me la sudaba considerablemente; además, que iba a saber mi pobre madre, una mujer normal y corriente, sin ninguna virtud ni defecto que destacar... una señora más.

Pero nada de eso tenía ya importancia, pues mi último monólogo debía servirme para averiguar la manera de mostrar al tribunal lo poco que me importaba morir ejecutado, dejando a su vez como último recuerdo mío mi constante arrogancia y orgullo, dos virtudes o dos defectos que de una manera u otra me han acabado llevando a la tumba. Llevaba semanas preparándome mi discurso final ante el estrado que me iba a condenar. Para ser sincero, estaba escribiendo mis palabras en los folios en blanco que hay al final de la cuarta edición de El lobo estepario, de Herman Hesse. Siempre me ha encantado ese libro. La primera vez que lo leí fue en mi segundo año universitario estudiando Filosofía; la quinta y última, dos horas antes de comenzar a escribir mi epitafio final en él; pero es algo que no viene a cuento. Estaba dándole muchas vueltas a mis últimas palabras, pues quería que quedasen marcadas en la Historia como las declaraciones de Eichmann al ser juzgado por sus crímenes contra la Humanidad, aunque mi crimen sea presuntamente asesinar a mi “mejor amigo”, el puto griego Samaras, ojalá se pudra y yo pueda verlo. Tenía claro cual era el guión a seguir: primero debía hacerme escuchar y llamar la atención, para posteriormente sentirme ultrajado y terminar mostrando mi definible sarcasmo al tiempo que dejaba ver que todo estaba ya decidido y a mí me daba igual.

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-¿Tiene usted algo que argumentar al tribunal?

-No creo que un presunto asesino que sabe con suma certeza que será condenado tenga nada que decir.

-Como usted desee, solo le dábamos la oportunidad de dar una última explicación de los hechos.

-¿Quiere usted saber la verdad sobre los hechos? ¿Quiere usted que cuente lo que pasó? Que más dará, diga lo que diga de aquí a dos meses estaré muerto y enterrado en una lápida de mármol donde las pocas personas que aún me quieren simularán llorarme cuando sus vecinos les miren – dije haciendo parecer coherente, pero sabiendo que los allí presentes no eran tan fáciles de engañar -. Pero claro, usted quiere conocer los hechos; pues mire, los hechos no se pueden resumir en un tribunal inútil que busca colgar a alguien antes de cerciorarse de la verdad.

-Las pruebas indican que fue usted el asesino.

- Las pruebas indican lo que quieren que indiquen, pero si se quedan más tranquilos, reconoceré que le maté; y de hecho, lo volvería a hacer – y tras una pequeña pausa, concluí – pero ya da igual, ese cabrón está ya esperándome en ese sitio que llaman Infierno, pero que yo llamo redención.

Estas fueron mis últimas frases en público antes de ser ejecutado.

domingo, 10 de junio de 2012

Viaje interior


   Pasaban los árboles como si se moviesen, como si nosotros fuésemos los anclados a una tierra de la que no tenemos escapatoria. Yo miraba a través del cristal pensando en mi futuro, si es que aún me quedaba algún futuro por el que preocuparme. Este viaje era de aquellos obligados, simplemente otro más; en realidad, este viaje era una mera metáfora de mi vida, nunca estable, siempre improvisada, pero incomprensiblemente agradecida. Este viaje no implicaba nada, pero lo implicaba todo; era como ir a tirar la basura, pero sabiendo que el camión no volvería a pasar mañana.

lunes, 4 de junio de 2012

Mierda guardada en un baúl sin llave.


Mirar por la ventana,
encender un cigarro,
llorar con desgana,
adormecer el desgarro.

Es la historia de un soñador,
es la historia de un vividor,
es la historia de un perdedor,
es la historia que Hank Moody vivió.

Y las noches acaban,
pero el Sol tarda en salir,
goteras mentales mataban,
cuando la vida es un sinvivir.

Es la historia de un soñador,
es la historia de un vividor,
es la historia de un perdedor,
es la historia que Gudrun Ensslin vivió.

Bañeras llenas de desilusiones,
polvos sin sentido,
soñó con ser de los mejores,
terminó en el suicidio.

Es la historia de un soñador,
es la historia de un vividor,
es la historia de un perdedor,
es la historia que Kurt Cobain vivió.

Ojos color polución,
constelaciones de lágrimas en la piel,
seguir reptando es la opción,
terminar ahogándose en hiel.

Es la Historia que nadie escribió.

domingo, 27 de mayo de 2012

Perder la compostura


Simplemente lo dejé caer; bueno, quizás lo empujé un poco... seamos sinceros, lo tiré con rabia. No suelo ser una persona que pierde los estribos, pero esta vez fue diferente. No fue nada escandaloso, no hizo demasiado ruido, pero lo que impresiona es ver la cantidad de añicos que quedaron esparcidos. Fue una explosión de rabia contenida materializada en una baratija de jarrón estampada contra el suelo, pero ese no es el súmmun de la cuestión. El punto álgido, y por otra parte concluyente de la actuación, fue la calma posterior al turbio espectáculo; porque, ¿quién lo diría?, tirar un jarrón calma. A pesar de los gritos de mi madre, de las injurias de mi padre, de la risa mofante de mi hermano, e incluso de los lejanos ladridos del famélico caniche de la vieja de mi vecina de arriba; "dejar caer" un jarrón calma. Todo lo que va después es pura satisfación: ir lentamente a tu habitación, coger la sudadera, los cascos del móvil, las llaves, y pegar un ligero pero notable portazo al salir de tu casa; y todo ello con una sonrisa que pareza decir: Por fin ha llegado este día...
    
    -¿Y después del portazo, que queda?
    -¿Después?, después vuelve la confusión

lunes, 21 de mayo de 2012

Mi manifiesto estudiantil

La Universidad, lugar de estudio, lugar de reflexión, lugar de justicia... o eso dicen. La Universidad está llena de ineptos docentes, profesores pseudointelectuales que por tener un diploma colgado de su pared se creen tener la potestad de Dios. Ariscos ellos, que gracias a una otorgada pero no ganada autoridad juegan con mi futuro, o con el tuyo, adjudicándose la benevolencia de aprobarte o la, según sus miramientos, justa decisión de suspenderte. No hay explicaciones, no se cumplen las normas de Bolonia, las cuales meses antes defendieron como el futuro de la enseñanza pública. ¿Criterios de evaluación prescritos?, pues no para mí. ¿Informar al alumnado de su trayecto por la asignatura?, no por favor. ¿Respetar los horarios adjudicados por la dirección de la universidad?, jajajajajajaja.

Estamos en manos de la providencia de la docencia, desamparados entre un mar de decisiones que no se fundamentan, donde el alumnado es el mero trámite entre la cuenta bancaria de la dirección y la del profesor. ¿Y qué podemos hacer nosotros?, ¿mandar una carta formal al rectorado?, no creo que sirva de nada. Ya se hacen y se han hecho reuniones para informar la incompetencia de cierto profesor, de hecho, se ha repetido la misma reunión contra el mismo profesor en repetidas ocasiones, pero los culpables somos nosotros, que no estudiamos, que no trabajamos. La culpa siempre es nuestra, esclavos de un sistema en el que se nos deja al margen de las decisiones importantes. Yo opino que se debería empezar a mirar hacia la propia universidad, al sistema interno, y encontrar los tumores que hacen de la universidad española un verdadero cáncer.

Dormir sin soñar no es dormir


Sueñas con sentir la plenitud y su potencia,
sueño con que sientas mi virtud y tu impotencia;
pues las tres cabezas de Cerbero ya han ladrado,
y nos dejan nuestra ardua indecisión como una herencia.

Sueñas con tener una casita con jardín,
sueño con mantener viva la idea de sobrevivir;
pues Medusa sin temor nuestras almas ha mirado,
y nos presta su atención cual hielo sin derretir.

Sueñas con creer en el cielo y en las estrellas,
sueño con saber si acabarás en una de ellas,
pues Caronte ha preguntado por ti y por nuestra moneda,
y nos busca, impaciente, cual galán a sus doncellas.

Sueñas con dejar tu corazón en el empeño,
sueño con soñar que por un día no sueño,
pues la parca se ha pasado a visitar nuestra morada,
y nos sonríe, bobalicona, sin haber fruncido el ceño.

viernes, 20 de abril de 2012

Circo de muerte.

Los hospitales... casas de batas blancas, de camillas inertes, de un mundo aséptico donde no sientes, o intentas no sentir; pero sí padeces. El otro día fui a un hospital, y descubrí algo que nunca había imaginado: los hospitales son como un circo de muerte.

Puedes ver a las enfermeras, con su sonrisa bobalicona cual payaso, como si trabajasen en el paraíso en vez de en aquel agujero pandémico. Estoy seguro de que se dejan el corazón junto al bolso en su taquilla antes de comenzar su turno, solamente para poder sonreír hipócritamente al mismo hombre al que dos días antes le diagnosticaron cáncer. También me fijé en los celadores, quienes te miran amablemente mientras su sonrisa delata que el show que vas a presenciar te marcará, al igual que los vendedores de entradas del circo, quizá los más desprestigiados, no aptos para la función. Y que hablar de los médicos, los domadores, los jefes del espectáculo que dictan tu destino, que deciden cuánto te quedas dentro de la carpa. Los médicos sí que merecen todo el respeto, pues son los capataces de este espectáculo macabro, los que conocen lo duro de la función, y lo que es peor, los que han vivido infinitas veces el fin prematuro de una obra y su pérdida total, pues cada una de estas es única.  

Y por último, están los enfermos. A vista del que va a un hospital no como enfermo, éstos son como las atracciones del circo, están allí encerrados para la observación, para ser mirados hasta que su particular capacidad se desvanece, y es lo que realmente deprime de los hospitales. Los enfermos son objeto de debilidad, la gente los mira como a los perritos indefensos que vemos en los anuncios de maltrato animal, nos dan lástima, nos compadecemos de ellos, e incluso huimos cuando pasan demasiado cerca; pero sin embargo, no caemos que quizá mañana tú puedas ser la atracción.

viernes, 23 de marzo de 2012

Ego... y los demás.

Rodri, Alberto, Mario, Patricia, Pablo... y no muchos más; todas aquellas personas con las que te entiendes y que te entienden, con las que no tienes que llevarte bien, ni mal, pero que simplemente están ahí; tú lo sabes y ellos lo saben. No son amigos, ni hermanos, ni primos, ni compañeros de clase, son partes de ti. Todos tenemos amigos a pares, pero desde un primer momento sabemos que solo unos cuantos llegarán a ser parte de nosotros. Son aquellas personas con las que una mirada significa una conversación, aquellas personas con las que no te importa llorar o reír, gritar o estar callado.

Necesitamos de esas personas para seguir adelante, porque por mucho que la soledad sea necesaria, nadie sobrevive sin partes de sí mismo. Vivir sin personas como éstas es vivir en una cárcel interna con las puertas abiertas, sabes lo que hay fuera sin poder salir.

Pero hay una persona cumbre en la vida de cualquiera, una persona que supera a todas las demás, por la que yo moriría y mataría: el "yo" leal. Conocer tu "yo" leal no significa saber quién y cómo eres, sino saber quién y cómo has sido, y quién y cómo quieres ser; tener un "yo" leal significa conocer tus defectos y estar orgulloso de ellos, pensar: estoy en paz conmigo mismo, que os jodan a los demás. Tener un "yo" leal significa anteponerte a las personas con las que una mirada equivale a una conversación, y por qué no, significa pensar de manera egoísta de vez en cuando. Tener un "yo" leal significa no traicionarse a uno mismo. El "yo" leal signifca, simplemente, mirarse al espejo y reconocerse.

miércoles, 15 de febrero de 2012

Hasta lo cotidiano esconde algo de locura.

   El sonido de una silla al retirarse de la mesa, el "click" de un flexo al escenderse, una tos ronca en la lejanía, unas risitas apagadas; pero sobretodo, el susurro del papel al pasar de página. Todo este estrepitoso ruido en medio del más solemne silencio. Eso es una biblioteca: silencio entre los ruidos.
   Las bibliotecas son sitios extraños, sitios en los que miras y te miran, piensas y ves pensar, imaginas y te dejas imaginar; pero siempre desde la más recóndita soledad, como si observases el mundo con unos prismáticos, creyéndote invisible a los demás. A mí las bibliotecas me dan seguridad, siempre abrigado de conocimiento y gente en busca de él, eres el rey de tu pequeño cubículo casi hermético, tienes libertad para hacer lo que te apetezca, pero siempre, aunque sepas que no vas a ser capaz de cumplirlo, manteniendo el más absoluto silencio.
   El más ligero sonido perturba ese mundo de soledades; todos y cada uno de los presentes te miran con ojos suspicaces y cara de decirte: "aquí reina el silencio, ¿no lo sabías?". En las bibliotecas nadie busca compañía, y sin embargo todos esperamos encontrar a alguien conocido allí, aún sabiendo que seguirán solos.
   Raros lugares son las bibliotecas, sitios en los que siempre estás solo a pesar de estar siempre acompañado.

  

domingo, 5 de febrero de 2012

¿Quién se queda esperando un día nihilista?

NIHILISMO. Nietzsche definió el nihilismo como la aniquilación de la voluntad del hombre, como el desinterés por la vida. La Wikipedia lo define como la negación de uno o más de los supuestos sentidos de la vida.

Para mí el nihilismo no tiene un significado tan profundo; para mí el nihilismo es la pasividad absoluta, el pensar "hoy me la suda todo, he llegado a un punto en que... buah, que más dará". Nihilismo es andar por la calle mirando al suelo, resignándote a la gris vista del asfalto; nihilismo es dejarte la barba no por gusto, sino por disgusto; nihilismo es cruzarte con gente conocida y no saludar; nihilismo es encerrarse en una negra burbuja invisible. Para mí nihilismo no es emborracharse para curar las penas, sino no emborracharse por tener demasiadas penas. Para mí nihilismo es salir a la calle en chándal un día si y otro también; para mi nihilismo es escribir esto.

Para mí nihilismo es hoy.

domingo, 22 de enero de 2012

El espejo del ascensor te escupe lo que eres.

          A día de hoy me conozco tan bien que no sé quién soy, lo digo en serio. Conozco cada una de mis virtudes y cada uno de mis defectos, y estoy totalmente orgulloso de ambos. No quiero cambiar, me gusto. Pero la cuestión a tratar es: ¿Quién soy?

          La gente que me quiere (o más bien que me soportan) dice que soy de lo mejor, que mi sentido del humor es insuperable y que mi imaginación es digna de museo; sin embargo, la gente que me odia (o más bien que me quiere demasiado) asegura que apesto, que mi sentido del humor es estúpido e incluso amargo, y que mi imaginación no es imaginación, sino la locura de un senil. En verdad, ambas opiniones me vienen a decir lo mismo: soy alguien… para alguien.

          Aquí es cuando, tras noches de insomnio por Madrid llegas a tu portal, entras en el ascensor y te preguntas mientras el espejo del ascensor te mira fijamente: ¿Qué es el ser alguien?, ¿cuál es el límite entre la identidad y la existencia? Aún no tengo la respuesta, pero si quizá el camino a ella. El ser alguien no es algo que te vaya impuesto de nacimiento, sino que deben imponerte, pues pasas de ser un “algo” a un “alguien” cuando significas algo para otro alguien. De este modo, puedo decir que soy mucha gente, pues soy “el hijo”, “el hermano”, “el colega”, “el recuerdo para olvidar”, “el amor secreto”, “el crimen” etc.

         Cada uno de nosotros somos el conjunto de relaciones que los demás nos atribuyen, somos todos aquellos lazos que circulan de nuestro “yo” a vuestro “yo”. Así, cada vez que piensas en mí, o cada vez que yo pienso en ti, seas quien seas, lo único que afirmamos es que somos alguien… para alguien.
Yo espero ser alguien a quien, aun habiendo sido capaz de matar, puedas resucitar.